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cantant abans de dinar…

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1999, en una lista de correo privada, corría este chiste que traduzco:

Un hombre se encontró sólo en una isla sin absolutamente nada, sólo bananas y cocos.

Después de 4 meses, un día estaba echado en la playa cuando la mujer más exhuberante que había visto jamás apareció ante él. Sorprendido, le preguntó: “¿De dónde vienes? ¿Cómo has llegado aquí?”

Ella respondió: “He venido remando desde el otro lado de la isla, llegué allí cuando mi crucero naufragó”.

-“Sorprendente -dijo él-. Has tenido mucha suerte de poder tener una barca”.

-“¿Eso? -respondió la mujer- Hice la barca con materiales que encontré en la isla. Los remos son el resultado de unir ramas de árboles, el suelo está hecho de ramas de palmera y los lados y la popa, de eucaliptus”.

-“Pero… esto es imposible!! No tenías herramientas, ¿cómo lo hiciste?”

-“Oh, no fue ningún problema. En la parte sur de la isla hay un raro estrato de roca viva. Descubrí que si la calentaba a cierta temperatura se convertía en hierro muy dúctil y lo usé para hacer mis herramientas”,

El hombre estaba flipando.

-“¿Quieres venir a ver mi sitio?”, le dijo ella.

Después de unos minutos de remar, llegan a un pequeño embarcadero donde dejan la barca. Ante ellos hay un camino de piedras que lleva a una exquisita cabaña pintada en azul y blanco. Mientra la mujer ata la barca, con gestos expertos, él no puede más que quedarse ante ella, mirándola, sorprendido.

Mientras caminan hacia la casita, ella dice: “No es mucho, pero la llamo mi hogar. Siéntate por favor; ¿quieres tomar algo?”. “No, gracias -dice él-, no podría tomar más zumo de coco”. “No es zumo de coco -responde la mujer-, ¿qué tal una piña colada?”.

Intentando esconder su continua sorpresa, él acepta y se sienta en un sofá. Hablan un buen rato e intercambian sus respectivas historias, hasta que la mujer anuncia: “Voy a ponerme algo más confortable. ¿Te apetecería tomarte una ducha y afeitarte? Hay una navaja en el baño de arriba”.

Ya sin cuestionarse nada, el hombre sube al baño, donde efectivamente hay una navaja hecha de hueso. Dos conchas hacen de mango. “Esta mujer es sorprendente -musita-, ¿qué vendrá después?”.

Cuando vuelve, ella le recibe sin nada excepto unas hojas de parra estratégicamente posicionadas y oliendo a gardenias. Le invita a sentarse cerca de ella y le dice, muy sugerente, acercándose más a él: “Hemos estado solos mucho tiempo. Estoy segura de que hay algo que te gustaría mucho hacer, algo que has estado echando de menos todos esos meses, ¿verdad?”, y le mira directamente a los ojos.

Él no se puede creer lo que está oyendo: “¿Quieres decir - traga saliva excitado-, quieres decir que puedo consultar mi email desde aquí…?

Solos en la isla (via oriolfb)
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